lunes, 6 de julio de 2009

Isis


Entre tanto periodista que solo cuenta cosas encuentro de vez en cuando alguno que transmite el pálpito de la realidad. Al que no le importa meter opinión en medio del relato porque si no no hay forma de transmitirlo todo.

Pablo Ordaz escribe en El País de hoy una crónica memorable desde Tegucigalpa, que podéis encontrar en este enlace: http://www.elpais.com/articulo/internacional/hondureno/muerto/durante/frustrado/regreso/Zelaya/elpepuint/20090706elpepuint_6/Tes

Habla de Isis, un chaval de 19 años muerto de un tiro en la nuca, del que seguro dirá, la versión oficial, que era un alborotador, que fue manipulado, que insultó a los militares, los cuales advirtieron que había que disolverse y que no hacía caso, que fue necesario y proporcional el uso de la fuerza porque había manifestantes armados, y bla, bla, bla. Y a lo mejor hay algo de verdad en todo eso.

Pero yo no creo en las balas perdidas (tengo mucha experiencia en esto de perder cosas) que se encuentran con cabezas que pasaban por ahí. Y sé que quien dispara a la nuca dispara a matar, y que, yendo uniformado, es algo peor que un asesino.

domingo, 5 de julio de 2009

perentorio

A mis amigas de Educación Infantil las vi toda la tarde agobiadas porque tenían que hacer una lista de tareas perentorias. Se conoce que el verano es para hacer todo lo que, siendo perentorio, no has hecho cuando no era verano. A mí también me entró el gusanillo y me he puesto a hacer la lista. Quiero aclarar que lo que no es perentorio no hay que hacerlo obligatoriamente en ningún caso, ni en verano ni en invierno.

Primera cosa perentoria: cantar por las mañanas en el coche, para calentar la voz y que luego no sufran mis cuerdas vocales. En realidad, mis cuerdas vocales no han sufrido nunca, pero si canto ni siquiera correrán el riesgo.

Segunda cosa perentoria: tirar a la basura todas las chancletas que no me sujetan el talón. Cuando las llevo, los dedos tienen que hacer de garra, y al final pueden resentirse las cuedas vocales, que son parte del mismo cuerpo que el pie y sus dedos.

Tercera cosa perentoria: saber si mi hija tiene un eyeliner en el bolso. Tiene ya catorce años, y hoy me he enterado que se empiezan a usar con doce. No sé para qué se usan, pero como seguro que tiene que ver con el ojo y el ojo es una parte del cuerpo muy delicada, me da miedo tener este asunto sin controlar.

Cuarta cosa perentoria: hacer un seguro de gafas para mis hijos, si es que encuentro algún comercial de seguros gilipollas al que engañar.

Última cosa perentoria: alejarme de todo lo que tenga aristas. De las rocas y de las personas. Mira cómo tengo el pie de sangre por no mirar. Y la vida.

PD: al cierre de esta entrada mi hija me confirma que sí, que lleva dos eyeliner en el bolso, uno blanco y uno negro. Pero que esté tranquilo.

Trafalgar

El 22 de octubre de 1805 la playa de los Caños de Meca, frente al cabo Trafalgar, se llenó de cadáveres de los hombres que murieron en una de las batallas navales más terribles de la historia.

El final de la novela Cabo Trafalgar es espectacular. Cuenta Pérez Reverte que cuando Nicolás Marrajo, hijo de madre poco clara, contrabandista, rufián y buscavidas, escoria de las Españas, aullando perroshijosdelagrandisimaputa, con la rojigualda remetida en la faja, trepó hasta la cofa del último barco de la armada española que permanecía a flote para desplegar la bandera, oyó el clamor de los enemigos ingleses que vitoreaban su valentía.

Ese arenal de Barbate tiene querencia a la muerte. Esta misma semana se volvió a llenar de cadáveres. Estos eran de subsaharianos que venían en patera. Y no hay aclamación que valga para su resistencia frente al hambre y la falta de futuro, ni frente a su esperanza contra toda esperanza. Sólo sirenas y lanzadestellos.




viernes, 3 de julio de 2009

El rana

Cuando Judit se empezaba a quitar la ropa, enfebrecida en mitad de la verbena, sus amigas le hacían de pantalla, y con más o menos suerte, la convencían para irse a tomar algo o a dar una vuelta. A Judit le habitaban unos demonios asquerosos desde que nació, que no le dejaban ser feliz al modo que lo eran las demás personas. Los psiquiatras lo llamaban sindrome de no se qué. Vivía con sus abuelos, porque su madre hacía tiempo que había huido del infierno y su padre andaba borracho por el pueblo desde las ocho de la mañana. Al rana lo querían todos al modo que muchos que se creen perfectos quieren a los borrachos, como parte del paisaje.

El rana alardeaba de nadar de puta madre, y de que era capaz de atravesar el Ostión de un lado a otro. Todo el mundo le creía, del modo en que los que se creen perfectos creen a los borrachos, como para que no se alteren.

El otro día sacaron su cadáver del lago. Dicen que trató de cumplir su reto, y que fracasó. Dios se encargará de enmendar la historia, si es verdad lo de la resurrección. De momento, cuando se presente delante de él, el rana volverá a ser Eduardo. Y habrá fiesta grande porque, si es verdad lo de Jesús, a Dios le apasiona estar con gente como él.

Honduras


Es muy fácil criticar las condiciones de falta de libertad y de democracia en un Estado mientras uno está cómodamente sentado en otro tomándose un café delante del ordenador. Y como es tan fácil, lo voy a hacer.

El último libro de Javier Cercas tiene muchas cosas buenas: es muy entretenido, tiene ritmo de novela aunque no es una novela, ayuda a entender mejor a personas y hechos cruciales de nuestra historia... Pero lo mejor de Anatomía de un instante es que deja claro que las cosas no son como parecen. Eso es algo de lo que me voy convenciendo. Y así, cuando pasa algo me pregunto por qué pasa y qué o quién o quienes lo provocan. Y me enredo en preguntas sin tener ninguna respuesta. Por eso soy una persona que está tan a gustito en silencio, haciendo listas de preguntas sin respuesta.

Los golpistas de Honduras dicen que acudieron al rescate de la democracia (como algunos en España en el 81), que para eso está el Ejército, porque el presidente Zelaya preparaba un referéndum para modificar la Constitución y ser reelegido para un nuevo mandato, y de perpetuados están hasta el gorro en América Latina. Y yo me pregunto qué hay de malo en modificar Constituciones (en España pasa igual, que parece que la tocas y da calambre) mediante referéndum.

También me pregunto por qué los Estados Unidos claman ahora al cielo y no pararon el golpe, si la CIA estaba al cabo de la calle, que seguro que lo estaba. Igual no lo pararon por tocarle un poco las narices a Chaves, y tenerle entretenido una temporada, ahora con los de Honduras, y así les deja en paz. Y entonces me pregunto a ver quienes son ellos para jugar con la vidas y las libertades de los hondureños por un quítame a este pesado de rojo de encima.

Y me pregunto por qué Micheletti (el presidente golpista) ha cursado una orden de busca y captura contra Zelaya a través de Interpol si ya sabe dónde está, y si además Zelaya ha dicho que ahorita vuelve para Tegucigalpa, ya son ganas de hacer trabajar al prójimo.

Y me pregunto quién estaba de guardia en la Interpol el día que llamó Micheletti para pedir que buscaran al presidente que eligieron los hondureños y le dijo si señor Micheletti, lo que usted diga señor Micheletti, ahoritita le busco y le capturo al presidente que usted sacó a patadas del país y abandonó a su suerte en Costa Rica, pero la próxima vez ándese con cuidado y no vaya perdiendo presidentes. Cuando vuelva a estar de guardia el eficiente funcionario voy a llamar yo a la Interpol para que me busquen y capturen al gato.

Y me pregunto muchas más cosas que es más prudente callar.

miércoles, 1 de julio de 2009

el alma despeinada

Ni el reloj de Cartier, ni el abono para la temporada 2010 del Auditorio Nacional, ni el pañuelo de Loewe. Ninguno de los regalos que recibió en su noventa cumpleaños le hizo tanta ilusión como aquel puntero de plástico indeformable, que pegó al teléfono móvil con un trocito de celo. Se acabó darle a dos teclas a la vez, marcar números de doce cifras y mandar mensajes (más) cifrados (de lo normal), que volvían locos a sus hijos, siempre pensando que le había pasado algo malo, o que había vuelto a pelearse con las auxiliares del pabellón.

Todos le miraban la cara, en la que la enfermedad había dejado huellas que deformaban sus gestos, pero nadie se había fijado en sus dedos, cada vez menos dueños de si mismos, cada vez más al encuentro de las palmas de las manos, las mismas que le daban la única alegría que le quedaba. Cada noche escribía en su blog las historias que inventaba su mente mientras volaba por ahí. Y cada vez le costaba más, las dichosas teclas tan juntas.

Cuando le ví sonriendo y con el puntero en la mano, pensé que es una pena que no nos demos cuenta de dónde hay que mirar cuando conocemos a alguien. Así llevamos de despeinada el alma.

Tasmania

Los habitantes de Tasmania estaban aterrorizados. Las plantaciones del sur de la isla aparecían cada mañana con unos misteriosos círculos concéntricos hechos en el suelo, que ellos atribuían a la acción de los alienígenas.

Pero resultó que no. Que se trata de canguros autóctonos, atraidos por las amapolas de las plantaciones de opio, que se comen como si fueran palomitas en el cine. Y cuando están completamente colocados, de ponen a dar vueltas de manera frenética, en circulos, hasta caer rendidos y agotados por el sueño.

Por lo visto, algún lugareño ha visto a ciervos y ovejas hacer lo mismo, ponerse ciegos de amapolas y "actuar raro": leían La Razón y giraban como ventiladores, originando similares desaguisados en las plantaciones.

Los enfermos ingresados en los hospitales de Tasmania ya sospechaban algo, cuando en las operaciones empezaron a darles por toda anestesia un nolotil y un palo para morder, como en las películas de vaqueros. Claro, sin las florecitas rojas esas no hay morfina que valga, ni muchas otras cosas menos recomendables.

Ante la falta de amapolas, los laboratorios están ensayando con margaritas y con gladiolos. Y no les sale. Eso sí, del quirófano los enfermos salen muy doloridos, pero perfumados.