domingo, 31 de mayo de 2009

Los hombres que no amaban a las mujeres


No conozco a nadie que haya leído Los hombres que no amaban a las mujeres (Stieg Larsson) y no haya quedado seducido, de alguna manera, por el personaje de Lisbeth Salander. Por lo que muestra y por lo que esconde.

La película se estrenó ayer, y yo no pienso ir a verla. No entiendo la manía de la industria cinemátográfica de llevar a la pantalla las mejores novelas. Como si no hubiera guionistas extraordinarios y el cine no pudiera crear sus propias historias. Yo adoro las películas que nunca antes fueron novelas.

La gente sale de la sala y dice "pues yo a Lisbeth la imaginaba de otra manera". ¿Cómo le explicas que la Lisbeth que imaginó es la real, y que la que presenta el cine es sólo la que imaginó el director?

¿Cómo después de haber sido secuestrados por el torrente narrativo de Larsson, después de no dormir, de no vivir sin leer, de no poder concentrase en nada sin saber quien es Lisbeth y qué le mueve, se os ocurre ir a ver cómo lo vivió no se quién?

¿Cómo no veis, los que inundáis las salas de palomitas y desechos de todo tipo, que la literatura multiplica las posibilidades de la imaginación y el cine las divide?

Voy a escribir una novela. Empiezo mañana, aprovechando el parón laboral obligado por el comienzo del programa de desintoxicación. Y no pienso dejar que la lleven al cine. Ni aunque me lo pida Oliver Stone.

sábado, 30 de mayo de 2009

El lunes empiezo

Los expertos en gestión de personas subrayan la importancia del autoconocimiento. Dicen tambien que alcanzarlo no solo es cuestión de mirarse para dentro, sino que hay que preguntar. De manera que uno es una mezcla de lo que cree ser, lo que los demás creen que es y lo que piensa que los demás creen que es.

Anoche mi hijo me pidió que le contara un cuento del cuerpo humano. Uno de esos con desplegables que cuando levantas el dibujo de las costillas aparecen los pulmones. Estos libros maravillosos harán que la formación de la clase médica prospere a gran velocidad, porque cuando nuestros tiernos infantes lleguen a la Universidad y les expliquen los riñones recordarán que los conocen desde su más tierna infancia, y así podrán hacer la carrera en tres años.

Antes de empezar con el relato propio del sistema linfático, se me ocurrió decirle que su cuerpo funcionaba mejor que el mío. Por hacerme el simpático, ya sabes. Pero él puso morros y dijo qué va: "tú puedes tomar vino, coca cola con cocaina y café", añadió.

Así que el circulo ya está cerrado.

Yo creo que soy un señor responsable, que cuenta cuentos a su retoño para que duerma feliz.

Creo que él cree que soy un aita de los majos, porque le cuento cuentos a la hora de dormir.

Y lo que él cree en realidad es que tengo un cuerpo mejor que el suyo porque es capaz de metabolizar las drogas.

Esto es, en fín, lo que soy: un padre alcoholizado y drogopendendiente que cuenta cuentos a su hijo para hacer crecer la estúpida ilusión de que es lo que no es.

El lunes empiezo el programa de desintoxicación. Hasta la vuelta.

viernes, 29 de mayo de 2009

mono florescente


Un equipo de científicos japoneses ha dado un importante paso en la investigación médica al conseguir crear monos trangénicos portadores de la proteína fluorescente verde, que permite ver con mayor claridad la evolución de las patologías.

A mi el jet - lag me afecta mucho cuando viajo a Madrid. Irremediablemente me duermo en el avión de la mañana, rodeado de ejecutivos del Santander. Y cuando me despierto en Barajas soy víctima del desfase horario. Porque me he levantado a las cinco, porque he dormido la siesta a las siete, y porque en Madrid, aunque es la misma hora que aquí, la gente va como si fuera una hora tarde a todos los sitios.

Así que cuando leí la historia del mono "florescente" (en mi casa había florescentes y se comían cocretas con mechamel) creí hallarme bajo los efectos de tal desajuste. ¿Un mono florescente para ver mejor la evolución de la patología? Bueno, si no ves la patología, al menos ves al mono. O lo que el mono ilumine.

Me imagino que la clase médica habrá acogido con regocijo la noticia. Sobre todo los celadores, que pasaban mucho miedo llevando camas con enfermos por oscuros pasillos. Y los médicos también. Los que se enteren, claro, que ya habrá alguno que se alarme al verte entrar con la proteína en la consulta:

- pero ¿qué le pasa? está usted verde.
- no se preocupe Dr Sánchez, es mi color natural. Tomo esta porquería desde que me quitó un testículo pensando que era una amigdala. Ahora aplíquese al diagnóstico, que lo tiene a huevo.

Y si fracasan sus aplicaciones médicas, se me ocurren otras: comprar un mono florescente con patología para la mesilla de noche. Si te cansas de leer, que siga él. O que te quite las gafas y el libro de la cara cuando caes rendido o el libro es insufrible. O un mono florescente con patología para llevar en el maletero del coche por si tienes una avería. O para que no te pille el toro al hacer la mochila para el campamento de verano, que yo siempre estoy sin linterna. O para contestarle a una hija, cuando se pone pesada preguntando que si puedo ver la tele, que si puedo jugar al ordenador. Nada. Quédate mirando al mono y anota en esta plantilla de observación la evolución de la patología, que se ve estupendamente y así ayudas al porvenir de la humanidad.

Un porvenir transgénico y florescente.

jueves, 28 de mayo de 2009

7 x 8 = 52


Siete por ocho cincuenta y dos, dijo Chávez. Aproximadamente, añadió.

Yo también quiero poder meter la pata hasta el zancarrón y salir del embite provocando la risa en lugar de la llamada a degüello, que tanto apetece a tantos, por envidia o por venganza.

Caer siempre de pie. Y tener siempre abierto el paracaidas.

Que después de decir lo cabrón que eres digan pero qué simpático. E ir con camisa roja, o morada, sin que tu mujer te diga por las mañanas dónde vas con esas pintas.

Y vivir en el Caribe en lugar de esta ciudad sin sol a la que me debo por fidelidad a lo real.

Pero no me sale. No me ha salido nunca. Y así he aprendido a convivir con mis meteduras de pata.

Eso sí. Para no parecer más torpe de lo que soy, cada noche repaso con mi hijo la tabla de multiplicar. Ya voy por la del ocho.

miércoles, 27 de mayo de 2009

Mierda


Cada vez que tengo una botella de patxarán casero, una bolsa de avellanas tostadas y dos horas, me leo El coronel no tiene quien le escriba. Por eso, porque la coincidencia feliz de las tres circunstancias apenas se da, es una novela que no he leído casi nunca. O muy pocas veces.



El coronel tiene la paciencia que no tengo para vivir a pesar de todo, instalado en una realidad turbia, y teniendo como enemigos a sus intestinos, al hambre. Y a la falta de dignidad.



Desde que leí el relato por primera vez, selecciono con cuidado extremo el uso de algunas palabras. Mierda, sobre todo.


-Dime, qué comemos.

El coronel necesitó setenta y cinco años -los setenta y cinco años de su vida, minuto a minuto- para llegar a ese instante. Se sintió puro, explícito, invencible, en el momento de responder:

- Mierda.


Y me prometí no usarla más en tanto no me sintiera, también, puro, explícito e invencible. Todo a la vez.

martes, 26 de mayo de 2009

Arantza


Este monigote tan chulo lo ha hecho Arantza. Este y los otros mil quinientos que circulan por Bilbao en estos días de vino y rosas rojas y blancas.

Ya dije el otro día que los cerebros de los maestros de Infantil están tan desarrollados que permiten a sus propietarios hacer dos cosas a la vez. Arantza es otra muestra más. Aburrida, porque sólo estaba leyendo un cuento de Eduardo Galeano, se puso una mañana a sacarle un uso a seis trapos que tenía por ahí, y antes de que se diera cuenta ya había sembrado de leoncitos las solapas de todos los habitantes del colegio.

Como la mujer de aquel coronel de García Márquez al que nadie escribía, hace una y otra vez el eterno milagro de sacar cosas nuevas de la nada. O de casi nada. A estas alturas del curso ya ha decorado toda la galería con cuadros de letras y números de colores, hace manualidades a un ritmo que ya le gustaría a la General Motors para sus coches y aprovechando el arreón de creatividad que le sobreviene con motivo de la fiesta de fin de curso, ha producido toda la coreografía del último trabajo de Mónica Naranjo.

Me cuentan que el otro día fue con sus hijos a ver el Rainbow Warrior, que es el barco de Greenpeace que está estos días atracado en la ría, y que en el tiempo que estuvo les arregló una vía de agua y una fuga del aire acondicionado del comedor de oficiales. Una pasada.

El de mantenimiento está negro, porque si un día se le olvidan por allí los listones y maderas que usa para reparar estanterías, se tiene que dar por jodido, que antes de que se de cuenta Arantza los convierte en una serie decorativa de vapores del Missisipi en miniatura con sus señoritas y todo saludando desde cubierta, aprovechando también el fieltro que le ha sobrado de los leones.

Y ahora en casa, contemplando la gotera del baño, me maldigo por no ser capaz, como ella, de encontrar la solución en el desván.

lunes, 25 de mayo de 2009

¿donde está el sol?


Anda alterada Garbiñe porque no ve el sol a estas alturas de mayo. No era cuestión de recordarle que esto es Bilbao y no El Ejido, por lo que le he pedido que lo deje estar, que Lorenzo pegando fuerte en primavera florida convierte a los adolescentes en armas de destrucción masiva, fruto de alteraciones que se producen en sus terminaciones nerviosas, las cuales multiplican sus extraños comportamientos.

Yo lo llevo tiempo observando: por ejemplo, cuando un chaval sube las escaleras camino de clase a las 13:40, acompañado de dos de su sexo y edad, grita. Y si delante de él van dos de su edad pero de otro sexo, grita más. Y si hace sol y calor, el berrido que pega puede llegar a romperle una o dos cuerdas vocales. Al menos.

Otro ejemplo. De todos es sabido que se ha extendido una nueva patología. Ahora el 90% de las adolescentes tienen los labios cortados permanentemente. De septiembre a junio. Por eso usan manteca de cacao. De sabores. Los que tenemos nariz y olfato hemos notado que a los distintos sabores les acompañan distintos olores. Y cuando hace calor, la mezcla convierte una clase de la ESO a las 14:00 en un lugar que huele igual que la zona de felinos del Parque de la Naturaleza de Cabárceno.

También se les altera el sentido del tiempo y del espacio, aunque esto no es exclusivo de la primavera, y algunas se embadurnan los morros con manteca en mitad de la clase, mientras otras trabajan como es de ley. Al verlas en ese afán estético - terapéutico me viene a la memoria Juande Ramos, cuando se cortaba las uñas con aquellas tijeras de podar setos, en el banquillo, en lugar de trabajar dirigiendo a su equipo.

Y se cansan. Se cansan mucho. Y tienen calor. Y protestan como si un profesor estuviera hecho para quitárselo. Y se enamoran. Y se desenamoran. Y se enamoran, pero de otro. O de otra. Y tú resoplas, pero eso no soluciona nada.

Querida Garbiñe: si todavía quieres sol antes de que toque (uno de julio), lo pides. Pero si no te importa pedir otra cosa, mejor.