miércoles, 7 de octubre de 2009

errores

Yo ya noté algo al ver que pasaba las noches en vela yendo al baño después de tomarse tres cucharadas de Agiolax que el médico le había recetado para el insomnio.

Resulta que en España hay 1,4 errores de medicación por pacientes por día, y en Catalunya, que parece que los médicos duermen mejor o están más a lo que tienen que estar, de solo 1,0 por paciente por día.

Los estudiosos del tema lo atribuyen al estress o a la torrija simple de los lunes por la mañana, a veces hasta el martes le llega a uno. Otros lo atribuyen a la falta de motivación, que todos saben que es muy necesaria para hacer una receta. Si no estás motivado las recetas te salen como si fueran listas de la compra. o quinielas. Y los errores suelen consistir en confundirse de paciente, entregar un medicamento erróneo, omitir la dosis requerida o suministrarle una dosis equivocada.

El que no se equivocó fue mi médico, sino yo. Le dije cómo me encontraba, lo que había tomado en similares circunstancias en otros momentos, dijo que todo le parecía estupendo y expendió la receta, sin dosis ni nada, de manera que ahora tomo lo que me apetece. Hay días, así, que me levanto con diarréa, otros con una euforia desatada y otros con dolor cervical. Y para cada uno de esos síntomas tomo otro medicamento que no me recetó el doctor, así que no entra en la estadística de errores.

martes, 6 de octubre de 2009

Emma y Lucero

Busco incansablemente por los rincones absurdos de la vida. Remedio único, pero no infalible contra la tristeza que todo lo ocupa en esta tarde de un igualmente absurdo verano de octubre.

Y buscando encontré a unos señores que premian las investigaciones más estúpidas.

Los premios se los llevaron la doctora Elena Bodnar, de Illinois, el patólogo suizo Stephan Bollinger, y unos investigadores de la Universidad de Newcastle.

La primera inventó un sujetador que puede convertirse en un periquete en un par de máscaras de gas, para tí y para tu novio u otro ser vivo que necesite librarse de un ataque con gas mostaza en el metro.

El segundo estudió cómo en una pelea en un bar es mejor que te rompan en la cabeza la botella de cerveza llena y no vacia, porque ayudada por la carbonación, la botella explota más rápido, y eso minimiza el daño.

Y los ingleses han descubierto que las vacas a las que se llama por su nombre, un nombre que no sea vaca, claro, dan más leche que las vacas sin bautizar, hasta 214 litros más por vaca y año, que no es moco de pavo.

No saben si llamarla Lucero, nombre de vaca por excelencia, la convierte en más eficiente que llamarla Emma, algo más antropomorfo, pero eso lo dejan para optar a los premios del año que viene.

lunes, 5 de octubre de 2009

la felicidad

Hoy estaba hablador y cariñoso, y me ha preguntado qué haría si tuviera mucho dinero. Le he contestado que me deje en paz, que no estoy para pensar en chorradas. Pero él ha seguido pensando, y me ha dejado claras sus opciones:

Primero, pagaría la hipoteca. Segundo, me compraría un ferrari. Tercero, sería feliz, y cuarto, me compraría un avión privado.

Todo bastante normal en un niño de once años.

Pero me ha impresionado su apunte solidario con el tema de la hipoteca. ¿Será que siente su peso, como yo? Y también me ha impresionado su bocadillo de felicidad entre ferrari y avión privado.

Me hace ilusión pensar que cree que ser feliz no tiene nada que ver ni con el uno ni con el otro.

domingo, 4 de octubre de 2009

mejor ser florecilla del campo que viejito que juega al paddle

¡Qué buena noticia! La mayoría de los niños nacidos a partir del 2000 en los países ricos podrá celebrar los cien años, y además con muy buena salud, jugando al paddle en torneos de categoria supersenior.

Los científicos daneses y alemanes que han llevado a cabo la investigación que lleva a estas conclusiones dicen que esta excepcional longevidad no tiene por qué estar relacionada con un nivel de discapacidad elevado. De eso ya me había dado yo cuenta sin investigar nada, sólo con ver a una señora de noventa años de mi escalera subiendo al hombro la bombona de butano hasta el sexto, cantando el chotis "Madrid" para entretenerse por el camino.

Yo siempre me he preguntado dónde está el límite, que parece que lo de los cien años es el summum. Pues bien, este estudio germano-danes publicado en la revista The lancet también responde a esta cuestión, y dice que los seres humanos podríamos llegar a vivir hasta 150 años.

Pero solo si tomamos verduras o frutas cinco veces al día, no desayunamos madalenas, hacemos deporte a diario, no nos estresamos nunca, pagamos siempre los impuestos, que para eso somos ricos y vivimos en el norte, no decimos palabrotas, vamos al monte los domingos con nuestros hijos y con los hijos de otras treinta parejas todas haciendo como que están felices, nos metemos los viernes en una de esas burbujas que purifican el aire, cantamos en un coro, no somos ni profesores ni fontaneros ni socios del Atlético de Madrid.

Y aún así, menudo coñazo. Te jubilas a los sesenta pensando que está todo el pescado vendido, y todavía te quedan 90 años de jubilación.

Me muero. O mejor, me hago flor silvestre. Hoy.

sábado, 3 de octubre de 2009

por robar

Llevaba varios días observando desde la acera de enfrente los movimientos del dueño de la casa. Cuándo entraba y cuándo salía, y vió que a las noches, entre las siete y las nueve, iba con sus amigos a tomar unas cañas. Entonces entró en el piso y distrajo una planta de marihuana de tres metros de alto.

Fue en el Canyet, en Badalona. Y la Guardia Urbana se mosqueó al ver debajo de una marquesina una planta de marihuana de tres metros de alto esperando al autobús, con su tiesto y todo. Al ver llegar a los uniformados, nuestro amigo, aprovechando que había sustraido una planta de marihuana de casi tres metros de alto, se escondió detrás de ella. Y ahí la cagó, porque en el hecho de esconderse la policía encontró un nexo de unión entre la planta y el joven. La policía, como casi todo el mundo sabe, no tiene un pelo de tonta, y no se creyó lo de que aquello no era suyo y que llevaba varios días decorando la parada. Tampoco ayudó mucho que una señora bastante taimada no respaldara la versión del chaval, de que la planta llevaba unos días allí. Y se lo llevaron al cuartelillo, a él y a la planta.

Como nadie vino a reclamarla, que a ver quien es el guapo, la planta creció y creció, regada por Vicky Francino, que es la recepcionista de la comisaría, y con el calorcito y el sol del Mediterráneo se convirtió en la más bonita del Maresme. Y aunque casi todo el mundo se llevaba un par de hojas al salir o al entrar, no se alteraba su porte dignísimo.

En el juicio el joven dijo que robó por hacer un bien, que había visto que el dueño no dedicaba al colosal arbusto los cuidados que merecía. Pero la vieja de la parada volvió a entrar en escena, y testificó en su contra, porque era tía abuela del dueño y dijo que la cuidaba mucho porque de ella dependia el sustento de la familia, aunque no sabía por qué.

La jueza ordenó la busca y captura del sobrino nieto de la señora y vendió la planta a unos okupas que dijeron que en ningún otro sitio como en el pisito que tenían en Caldetas. Y al joven lo dejó en libertad aunque le aconsejó que rehiciera su vida con los okupas a Caldetas, y así no tendría que robar. Y a la señora le dijo que se metiera en sus cosas. Y a la Guardia Urbana que dejara de enredar con chorradas. Y a los de parques y jardines del Ayuntamiento de Badalona que pongan arbustos de esos, que así a nadie le entran tentaciones de robar.

viernes, 2 de octubre de 2009

los huevos al suelo


Carlos Fabra es un señor de Castellón que tiene algún problema en la vista. Lo digo porque siempre va con gafas oscuras, hasta cuando da una rueda de prensa en el salón de un hotel. Está imputado en un montón de causas de corrupción urbanística. Y además de todo lo anterior, es el presidente de la Diputación provincial.

El caso Gürtel me había dejado de interesar. Una vez constatado que algunos políticos son unos sinvergüenzas, ya no me importa saber cuánto de sinvergüenzas son. Así que dejé de leer y escuchar. Pero el otro día la radio me pilló desprevenido y le oí al señor Fabra decir, en relación a este asunto, que oir hablar a otros de corrupción es "como para que se te caigan los huevos del sitio" (del sitio en el que están, me imagino). Al principio me detuve en la contemplación mental fisiológica del asunto, pero enseguida me dí cuenta de que era una metáfora, porque me concentré bastante.

Hombre, ya sé que yo no soy un ejemplo, porque a veces se me escapa una palabrota en mitad del post y alguna ya dirá que qué ordinario, pero me parece que el señor presidente de la Diputación de Castellón ha cometido lo que se viene llamando un "exceso verbal". Un exceso verbal es cuando dices muchos verbos en una frase (por ejemplo, siento tener que decirte que se te han caido los huevos del sitio) o cuando dices algo inconveniente (por ejemplo, y siendo un político y hablando delante de periodistas, siento tener que decirte que se te han caido los huevos del sitio, o algo parecido).

En el caso de este tipo de políticos de gafas oscuras y verbo igual de oscuro, yo abogo por los defectos verbales, es decir, porque hablen menos y trabajen más. La palabra exacta, unas horas de despacho para saber, o recordar, lo que vale un peine... En esa postura es imposible que se te caigan los huevos al suelo.

jueves, 1 de octubre de 2009

ingeniosos catalanes

Barcelona siempre ha estado por delante de todas las demás ciudades del mundo en lo que se refiere a sol, imaginación y creatividad, y así da gusto, porque vas por sus calles y nada deja de sorprenderte. Sus ingeniosos creadores han ideado ahora bancos anti-indigentes, esquinas anti -meones y superficies anti-botellón. Y el resto de ayuntamientos del Universo peregrinan a la ciudad condal a ver si copian algo, porque están de oler a meaos hasta aquí.

Luego vas y tampoco es que se hayan roto la cabeza. En las esquinas anti-meones hay un guardia urbano en una garita camuflada que en cuanto sacas la minga (los meones suelen ser ellos, más bien) te aplica en el susodicho apéndice una descarga eléctrica de seiscientos voltios que se te quitan las ganas hasta de vivir.

Los bancos anti-indigentes son bancos normales y corrientes con cuatro reposabrazos en medio, para impedir que se tumbe nadie, aunque no pueden evitar que se tumben los indigentes delgaditos, que son mayoría, extendiendo sus carnes y huesos por debajo de los apoyabrazos . Y sus mantas por encima, de manera que queda una tienda de campaña de lo más recogido, que cabe dentro hasta el campigas para leer novelas de Estefanía.

Y en cuanto a las superficies anti-botellón, se trata de simples planos inclinados sobre los que es imposible que se tenga de pie una botella cuando la dejas en el suelo. No obstante, como las personas que dejan botellas en el suelo después de beberse el contenido no distinguen muy bien una superficie lisa de la superficie del Cantábrico, tampoco les importa mucho que la botella ruede. Y a veces no se dan ni cuenta.

Así que menos fardar de soluciones ingeniosas y más educador de calle para luchar contra el incivismo.