viernes, 7 de agosto de 2009

Extracciones

Los que trabajan en los servicios de urgencias de los Hospitales tiemblan cuando leen en el ordenador la palabra "extracción". Cuando no tienen que extraer una lenteja que había echado raíces en el orificio nasal o un garbanzo que había hecho lo propio en el auditivo tienen que sacar un tapón de un bote de laca o una botella de coca-cola que había hecho el vacío de otros agujeros corporales muy poco propios para esos usos.

Lo último fue sacar un paquete de pipas vacío de la vagina de una adolescente. Ocurrió en Cruces hace unos días. Ella y su pareja habían recurrido a tan curioso profiláctico como remedio contra un ataque de fogosidad amorosa inesperado que les sobrevino de repente. Mientras comían pipas, claro. Y después de descartar una bolsa de El Corte Inglés y la funda del paraguas plegable.

Visto el despropósito, el chaval quiso escaquearse diciendo que tenía un examen, pero ella le obligó a acompañarla al Hospital y a explicarlo todo a la de la ventanilla de admisión, que escucha estas narraciones con la risa contenida, porque nunca se acostumbra una.

Así que los que trabajan en los Servicios de urgencias no creen en la inteligencia del ser humano, ni en la Educación Sexual que se da en las escuelas y en las casas, ni en el progreso de la humanidad hacia cotas más altas de bienestar y progreso.

Y tienen razón.

jueves, 6 de agosto de 2009

transparentes


Todo el mundo sabe que Bilbao es la segunda ciudad más bonita de España, después de Cádiz. Pero un estudio acaba de mostrar además que es la segunda ciudad más transparente en cuestiones de gestión municipal, solo superada por Sant Cugat del Vallés.

Como ser segundo en todo resulta bastante frustrante, el alcalde Azkuna envió a dos concejales de la oposición a investigar las razones que explican la excelencia del municipio catalán en estos asuntos. A su juicio, son las siguientes:

1. En Sant Cugat, los plenos se celebran en el mercado de abastos, delante de los puestos de fruta.
2. Todos los habitantes del pueblo, y hasta los visitantes, pueden coger número (frutas y variantes vallesanas S.L. cede generosamente su expendedor de números cada miércoles con ocasión del pleno) para intervenir a su antojo.
3. Al alcalde se le puede interrumpir y no se enfada.
4. Cada miércoles un niño o niña de 6º de Primaria de la clase invitada hace la crónica de la sesión, que luego se envía a todos los habitantes del municipio para que hagan sus aportaciones y comentarios.
5. El edificio del Ayuntamiento es un cubo de cristal, y desde fuera se ve a los funcionarios tomando café de la máquina, por turnos.

Visto el Informe, y queriendo abrir aún más al populacho su gestión, al alcalde Azkuna ha decidido celebrar los Plenos en San Mamés, en los descansos de los partidos. Así lon concejales irán al grano y no marearán la perdiz con tediosas y aburridimas intervenciones. Y todos nos enteraremos de todo.

Se van a enterar en Sant Cugat.

miércoles, 5 de agosto de 2009

envidia cochina

Desde que Dios dijo aquello de hágase la luz, y la luz se hizo, el ser humano, que todavía no estaba, pero que vino al cabo de unos días y se dió cuenta enseguida de todo, se ha visto permanentemente tentado de emular semejante potencia creadora, con poco éxito en la mayoría de la ocasiones.

A mi me pasa con las tortillas de patata cuando viene mucha gente a casa sin avisar, y les tienes que dar de cenar. Yo lo intento cada vez, y digo mirando a la cocina, y muy concentrado, para atraer hacia mí todas las fuerzas creadoras del universo:

- hágase la tortilla española.

Y nada.

Cuando eres jefe te pasa más. Alguna vez dije aquello de quiero ver este informe encima de mi mesa dentro de una hora, y lo único que creé fue una sonora carcajada en mi interlocutora:

- lo mejor que tienes es el sentido del humor, me contestó.

Así que no me extraña que Zapatero dijera aquello de que en septiembre todos los niños españoles de 5º de primaria dispondrán de un ordenador ultraportátil en el aula. Digo yo que pensaba que la fuerza creadora de su palabra de presidente ensamblaria chips, etiquetaría el producto y lo pondría en la puerta de las escuelas para que el solícito encargado de material lo llevara al aula, y una vez allí el responsable TIC pusiera los equipos operativos en un periquete. Y ya ha dicho el Gobierno Vasco que tururú, que de septiembre nada y que ya veremos si a lo largo del primer trimestre.

En la Biblia lo que viene después es una cura de humildad por querer ser como dios. Así que a saber lo que nos espera.

martes, 4 de agosto de 2009

Agur, Juan Mari.

Qué bonito suena un tango en el órgano de San Vicente. Ella quieta mi herida, todo, todo se olvida. Este tango le venia a Juan Mari cuando, como nos pasa a todos los vascos, se juntaba con gente a comer o a cenar y le entraban las ganas de cantar. O aquel otro bolero que dice cuando tú te hayas ido, me envolverán las sombras.

Estas canciones cuentan historias de amor sencillas, de esas de personas, que sienten que la vida se les hace invivible si no es compartida con quien aman.

Yo creo que es verdad, y que vivir es eso, luchar permanentemente contra las sombras. Y que lo más eficaz en esa lucha es el amor, aunque el sentido del humor y la mirada positiva a las cosas ayudan también bastante.

Así que con todo eso, con el amor, con el humor, y con su mirada positiva, y mientras él estuvo con nosotros, tuvimos armas imponentes con las que los cuatro, Marian, Alberto, Jon y yo, fuimos haciendo frente a nuestras sombras.

Y todavía nos dejó un arma mejor: el coraje. Con lo que nos toque después de dividir entre cuatro el que le sirvió para afrontar su enfermedad, tendremos para vivir nosotros y nuestros hijos. Para siempre.

Gracias a Iñigo y a Inma. Decía Hipócrates que los médicos son hombres buenos, peritos en el arte de curar. Pero como lo suyo no se curaba, Juan Mari necesitó lo primero, y lo encontró: un hombre bueno y una mujer buena, inspirados en sus gestos, en sus palabras, en sus tactos...

Gracías a los que estáis aquí, algunos haciendo un montón de kilómetros y otros aparcando unas horas el paseo o el descanso merecido.

Y gracias a los que lo habéis querido a lo largo de estos ochenta años, en su trabajo, en sus cuadrillas y en su familia, desde Cádiz hasta Valencia, Madrid y Barcelona. Habéis sido la razón de su alegría, y por lo mismo, de la nuestra.

También eso nos dejó. Hasta el mismo jueves fue una persona agradecida, y despidió a las auxiliares que le cambiaron la cama con un muchas gracias, guapa. El agradecimiento era su manera de hacer fácil la vida a los demás.

Pues eso, que no lo compliquemos nosotros ahora.

En nombre de mi hermana, de mis hermanos y de nuestras familias, muchas gracias a todos y a todas.

Leído en el funeral de Juan Mari, el 3 de agosto de 2009 en la iglesia de San Vicente,en Bilbao, con la música de fondo del tango de Carlos Gardel, El día que me quieras



lunes, 3 de agosto de 2009

Los huesos de Descartes


Cuentan que Descartes fue de muy mala gana a vivir a Suecia la última etapa de su vida. Y que la reina Cristina, que tanto empeño puso en conocerle y en aprender de él, perdió pronto el interés en su persona y en sus enseñanzas.

Descartes era de acostarse tarde, que eso de pensar da mucho trabajo, y de levantarse cuando lo pidiera el cuerpo, y la reina tenía el intelecto a punto a las cinco de la mañana, que era cuando reclamaba su clase de Filosofía. Los madrugones y el invierno sueco convirtieron en una birria su cuerpo más bien menudo, y terminó sus días en la residencia del embajador de Francia, con el brazo sajado de las sangrías a las que le sometieron los médicos que lo atendieron y en cuyas artes no creía.

Murió en 1650, y lo enterraron en un cementerio en Estocolmo. Hasta 1666 no procedieron a la exhumación porque, claro, ¿qué pintaba Descartes enterrado en Estocolmo? En el largo camino que recorrieron sus restos hasta llegar a París desapareció el dedo índice de la mano derecha, con la que escribía (se lo quedó un listillo que debió pensar que la sola contemplación de la falange le inspiraría palabras inmortales), y el cráneo.

¿Quién y por qué se quedaría con la cabeza de Descartes, si el cerebro que contuvo, y que albergó ideas novísimas, hasta para gente que nació uno, dos, o tres siglos después de él, había sido ya devorado por los gusanos, y trasplantarlo no estaba al alcance de la medicina de entonces, ni de la de ahora?. A esta pregunta tan larga trata de responder Russell Shorto en un libro maravilloso que se titula Los huesos de Descartes, y en cuya lectura podríamos solazarnos mis alumnos y yo durante todo un año, si no fuera por el dichoso examen de selectividad.

Pena

domingo, 2 de agosto de 2009

10 de septiembre

Cuando entró en el aula el 10 de septiembre se asustó bastante. Las caras de los niños se veían, sí, pero el resto del cuerpo estaba tapado por el ordenador ultraportátil que se habían encontrado en el pupitre. Así, a botepronto, captó un par de comentarios (vaya caca, no tiene internet, y en esta mierda pantalla no se ve nada). Sólo Celia permanecía delante del ordenador cerrado, porque era la primera vez que tenía esa máquina tan cerca y no sabía ni cómo se abría.

A él también le daba bastante respeto el portátil que había en la mesa del profesor. Ese sí tenía internet, le veía el cable, e impresora. Pero no pudo terminar de encenderlo porque le pedía una clave que no tenía. Probó con el PIN del teléfono, con el número secreto de la Máster Card, con la fecha de nacimiento de su bisabuela y con su edad multiplicada por seis mil y dividida por siete. Y nada.

Como no sabía cómo empezar, pidió que sacaran el CD que tenían pegado en la parte de dentro de la pasta de atrás del libro de Conocimiento del Medio. Y que lo metieran en la disquetera del portátil. Aitor dijo que qué disquetera si no había disquetera. Entonces dijo que devolvieran el CD a la parte de dentro de la pasta de atrás del libro de Conocimiento del Medio.

Como no había tiza porque la pizarra era digital se le fue a la porra también el Plan B.

Y optó por el C, que era cerrad los ordenadores y contadme cómo es el sitio más chulo en el que habéis estado en verano. Pensó que la de Mate, que venía detrás, ya haría algo, y que en la reunión de la tarde, que era de formación, le dirían qué hacer.

En estas estaba cuando Unai se le acercó con la tecla de la F en la mano.

- Se me ha roto

- Ya. Tendrás que pagarlo. Como cuando rompes un cristal jugando al fútbol dentro de la clase.

- No, si el ordenador es mío, nos lo ha dicho el director.

- Ah.

Salió de clase muy contento. Siempre le habían gustado los retos.

sábado, 1 de agosto de 2009

velocidad y tocino

La auxiliar de pelo suelto y gesto desenfadado entró en la habitación donde yacía el muerto visiblemente cabreada. Primero dijo a los familiares de la cama de al lado a ver si sabían contar. Y como dijeron que sí como cuando preguntaban al público del "un, dos, tres, responda otra vez", eligió a uno al azar y le pidió que contara cuántos eran.

- Uno, dos, tres.. siete!.

- Muy bueno. Sobráis cinco.

Y echó con cajas destempladas de la habitación a los cinco menos agraciados por la naturaleza, porque eran los que más afeaban el espacio. Y les pidió que se llevaran consigo las palas de pin-pon, la tartera con los rabitos de los pimientos, el come-discos, los periquitos, el surtido de galletas Nebi, la baraja de póker, el tapete verde y la mesa de camping desplegable con sus sillas, la botella de Patxarán, los vasos sucios y esas dos señoras enlutadas de ahí.

Y a los dos que se quedaron les puso a pasar la fregona porque lo habían puesto todo perdido de migas y de coca cola. Y al enfermo, que tenía puesta la corbata encima del pijama porque decía que se iba le soltó un chorreo que se le quitaron las ganas de seguir bromeando.

Luego llamó al celador de guardia y organizó para los siete, en turnos de tres y en la sala de visitas, una clases para aprender a distinguir un amigo enfermo de un enfermo amigo, un bar de una iglesia, la habitación de un hospital del reservado de una discoteca y la velocidad del tocino.